La Oración de Maria

Dios – Oh infante-Dios.

El amado del cielo.

Concebido por la unión de la gracia divina y nuestra desgracia. Duerme y descansa.

Descansa bebé. Disfruta de la frescura de esta noche brillante como diamantes. Descansa, porque el calor de la ira hierve a fuego lento cerca.

Disfruta el silencio de esta cuna, por que el ruido de la confusión retumba en tu futuro.

Saborea la seguridad dulce de mis brazos, porque el día se aproxima cuando no podré protegerte.

Descansen dulces manitos.

Porque aunque pertenecen a un Rey, no tocarán raso ni poseerán oro. No tomarán una pluma ni guiarán un pincel. No, tus manitos están reservadas para obras mas preciosas:

Para tocar la herida abierta de un leproso

Para secar las lágrimas de angustia de una viuda

Para rasguñar el suelo de Getsemaní.

Tus manitos, tan pequeñas, tan tiernas, tan blancas—cerradas en el puño de un bebé.

No están destinadas a sostener un cetro ni saludar del balcón de un palacio. Están reservadas para un clavo romano que las sujetaran a una cruz romana.

Duerman profundamente, pequeños ojitos.

Duerman mientras puedan. Porque pronto la visión borrosa se aclarará y verán el lío que hemos hecho de su mundo.

Verán nuestra desnudez, porque no nos podemos esconder.

Verán nuestro egoísmo, porque no podemos dar.

Verán nuestro dolor, porque no podemos sanar.

Oh ojitos que verán el pozo mas oscuro del infierno y serán testigo de su príncipe horrendo … descansen, por favor descansen ojitos, duerman mientras puedan.

Quédate quieta boquita.

Boquita de la cual la eternidad hablará.

Pequeña lengua que pronto convocará a los muertos,

Que definirá gracia,

Que silenciará nuestra locura.

Labios rojizos – sobre cuales monta un beso de perdón a aquellos que en ti creen, y de muerte a aquellos que te rechazan—permanezcan quietos.

Y pequeños piecitos

en el hueco de la palma de mi mano, descansen. Porque mucho pasos difíciles esperan por delante…

¿Pueden sentir el agua fría sobre la cual un día caminarán?

¿Se tuercen por la invasión del clavo que cargarán?

¿Tienen miedo a las escaleras que descienden al dominio de Satanás?

Descansen pequeños piecitos. Descansen hoy porque mañana caminarán con poder. Descansen. Porque millones seguirán en sus pasos.

Y pequeño corazoncito

… corazón santo … bombeando la sangre de vida por el universo: ¿Cuantas veces te quebraremos?

Serás desgarrado por las espinas de nuestras acusaciones.

Serás devastado por el cáncer de nuestro pecado.

Serás aplastado por el peso de nuestra angustia.

Y serás perforado por la espada de nuestro rechazo.

Pero en esa perforación, en el último rasgón de músculo y membrana, en ese flujo final de sangre y agua, encontrarás descanso. Tus manos serán libertadas, tus ojos verán justicia, tus labios sonreirán, y tus pies te llevarán a casa. Y allí encontrarás descanso otra vez—esta vez será en el abrazo de tu padre.
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Créditos: Este poema/reflexión fue tomado del libro “One Incredible Savior” por Max Lucado y traducido al español por Pamela Praniuk. 

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